Considerar el impacto de la actividad científica y el desarrollo de tecnologías sobre la humanidad, sopesando sus beneficios reales y potenciales riesgos, es un requisito que el investigador debe cumplir para emprender cualquier estudio y el Estado debe exigir para la formulación y aplicación de políticas públicas dirigidas al bien común.

A esta conclusión llegó el sociólogo de la Universidad Central de Venezuela (UCV) e investigador asociado del Transnational Institute, Edgardo Lander, durante su participación en el ciclo de conversatorios «La ciencia y su papel en la Venezuela del siglo XXI» organizado por el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic).

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“Los patrones tecnológicos hegemónicos y los poderes fáusticos que la ciencia le ha dado a las corporaciones son una de las causas fundamentales de la actual crisis global, dejando de lado el principio de precaución. La ciencia siempre implica la presencia de seres humanos”, explicó Lander.

Hambruna, contaminación ambiental, desempleo, cambio climático, pobreza y abandono del campo son algunos de los efectos adversos que la concentración de poder en manos de empresas privadas ha causado en la sociedad y el mundo. “Se acelera la lógica de la mercantilización de todo y la ciencia y la tecnología no son neutrales porque forman parte de los procesos de producción y reproducción del modelo capitalista”, aseveró.

Por su parte, el politólogo de la Universidad de Los Andes (ULA) de Mérida, Vladimir Aguilar, sostuvo que frente a este escenario las instituciones educativas deben intervenir estimulando el debate desde adentro. “La academia no puede ser un cuarto oscuro y cerrado. El fin último de la universidad es promover la transformación que la sociedad exige; tanto la academia como la política son espacios de acción y de lucha”, dijo.

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Aunque aseguró que la academia es la depositaria del saber científico y el lugar donde se crean las condiciones para el desarrollo de la ciencia, reconoció que la educación era la herramienta idónea para afrontar la crisis. “Es el ámbito para resituar, no para repetir. La universidad dejó de ser una para convertirse en diversa en sus ideas y construcción. Debemos hacer ciencia para que en la praxis funcione y se sepa porqué”. De acuerdo con Lander, en la actualidad el debate no se está generando en la academia sino en los movimientos sociales, particularmente indígenas, quienes sufren con mayor fuerza el crecimiento sin fin de la raza humana en detrimento de la capacidad de carga de la Tierra.

“El conocimiento científico moderno no es falso sino parcial y es un bien colectivo que no debe servir para la búsqueda de prestigio individual. ¿A qué tipo de sociedad queremos contribuir? La vigilancia permanente y la planificación de políticas son cruciales para contrarrestar la comercialización de resultados con fondos públicos. El reto democrático es legitimar esta realidad”, reflexionó Lander.

El conversatorio «La ciencia y su papel en la Venezuela del siglo XXI» continúa el jueves 15 de mayo en el auditorio principal “Humberto Fernández-Morán” del Ivic con el filósofo de la Universidad Metropolitana, Francisco Rivero; y el profesor de la UCV y exviceministro de Planificación de Ciencia y Tecnología, Luis Marcano.

Fuente: Vanessa Ortiz Piñango / Prensa IVIC

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