Un grupo de alumnos del Liceo Bolivariano “Dr. José Miguel Monagas”, ubicado en la localidad de Jají del estado Mérida, efectuó un recorrido por las instalaciones del Centro Multidisciplinario de Ciencias del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic) de la entidad andina, donde pudieron conocer los proyectos que actualmente se llevan a cabo en la institución con un enfoque de sensibilización socioambiental así como interactuar con los especialistas de cada área.

La actividad fue organizada por la Unidad de Articulación Comunitaria (UniArco) del Ivic-Mérida conjuntamente con el personal de investigación, obrero y administrativo. Los estudiantes fueron conducidos a lo largo de cuatro estaciones identificadas con un proyecto en particular: rana toro, moteado dinámico de semillas, enfermedad de Chagas y fluidos, bajo la supervisión del profesor de la cátedra de Biología, Eduardo Oviedo Toro.

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Plaga

En la primera estación, la profesional asociada a los servicios, Mariella Márquez, informó que el Ivic-Mérida -a través de un estudio financiado por el Programa de Estímulo a la Innovación e Investigación (PEII)- evalúa el impacto, distribución y métodos de control de Lithobates catesbeianus, mejor conocido por su apelativo de rana toro. Este anfibio fue catalogado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como una de las 100 peores especies exóticas invasoras del mundo.

La mayoría de los chamos de la visita guiada no reconoció al animal durante la observación, aunque muchos viven cerca de las lagunas donde habitan ranas toro -en las cuales el Ivic-Mérida analiza la calidad del agua- y son usados regularmente en aula durante las prácticas de laboratorio.

“El material taxonómico debe ser identificado asegurando que la etiqueta perdure. Por ello, se usa lápiz de grafito o tinta indeleble y se inserta el papel dentro de los frascos porque afuera puede despegarse y perderse la información”, afirmó Márquez. Con 15 años de edad, el cursante del cuarto año de bachillerato, Adonis Nava, quedó impresionado al saber que las ranas toro pueden tener hasta 12.000 huevos. “También me llamó la atención que no han traspasado la frontera debido a la presencia de las montañas y los ríos que circundan el estado y que son muy resistentes al frío y calor”, explicó.

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Rayos milagrosos

El moteado dinámico de semillas fue el tema de la segunda estación, en la cual la profesional asociada a la investigación, Ingrid Inciarte, explicó la utilidad de esta técnica láser para estudiar la viabilidad de tejidos vegetales, colocando sobre el microscopio algunas semillas de uchuva.

Este fruto originario de América es parecido al tomate pero su color es amarillo, tiene el sabor dulce y es más pequeño; pese a darse en la cordillera andina venezolana, su siembra no se ha desarrollado lo suficiente. “Nosotros efectuamos los análisis y los resultados los pudieran emplear la industria o comunidad como referencia para otras actividades con semillas, como el almacenamiento”, aclaró Inciarte.

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Bichos que pinchan

Los aspectos relacionados con la enfermedad de Chagas fueron expuestos en la tercera estación. La investigadora Claudia Sandoval difundió un vídeo ilustrativo sobre el proceso de transmisión de esta patología. Esto podría ocurrir si la piel lacerada o las mucosas de la persona son contaminadas con heces fecales de chipos infectados con el parásito Trypanosoma cruzi, el cual viaja a través del torrente sanguíneo y se multiplica en diversos tejidos causando daño a órganos vitales.

Por su parte, el coordinador de la Unidad de Articulación Comunitaria (UniArco), Óscar Páez, conversó acerca de las jornadas de sensibilización, tanto en centros educativos como en espacios familiares y comunales, encaminadas a apoyar la creación de redes de monitoreo de la enfermedad de Chagas en el estado Mérida. Héctor Salas, estudiante de Física y tesista del Laboratorio de Ecología Sensorial, mostró el avance en las técnicas electrofisiológicas para el estudio de las capacidades sensoriales de los chipos para comprender cómo estos insectos utilizan la información del entorno para alimentarse, buscar refugio, comunicarse y encontrar pareja.

Los aportes del Ivic-Mérida en esta materia fueron presentados por el jefe del Centro Multidisciplinario de Ciencias, Fernando Otálora Luna, quien informó que se ha elaborado el prototipo de una trampa para chipos y un dispensador de amoníaco que funciona como cebo. “Entender estas estrategias de supervivencia es fundamental para el control y monitorización de estos organismos en zonas endémicas del país y, por lo tanto, para prevenir la enfermedad de Chagas. Para ello, usamos esferas compensadoras de movimiento (servosferas) que facilitan la observación, registro y análisis del desplazamiento de los chipos”, aseguró Otálora.

El joven de 15 años de edad, Yeidy Molina, manifestó su interés en repetir la experiencia incorporando más experimentos y observaciones en microscopio. Específicamente, dijo estar sorprendido al conocer que la enfermedad de Chagas “puede permanecer hasta 30 años en una persona y no saber que la padece”.

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Sin reposo

En la cuarta y última estación del trayecto, la dinámica de fluidos acaparó la atención de los estudiantes, entendiendo por fluidos como un tipo de medio continuo formado por alguna sustancia entre cuyas moléculas solo hay una fuerza de atracción débil. Su propiedad distintiva es que los fluidos pueden cambiar de forma sin que aparezcan en su seno fuerzas tendentes a recuperar la forma «original», lo cual constituye la principal diferencia con un sólido deformable, donde sí hay fuerzas restitutivas.

“En el cambio de forma de un fluido la posición que toman sus moléculas varía ante una fuerza aplicada sobre ellos, pues justamente fluyen. Los líquidos toman la forma del recipiente que los aloja, manteniendo su propio volumen, mientras que los gases carecen tanto de volumen como de forma propia”, puntualizó el investigador Alejandro Acevedo.

Fuente: Vanessa Ortiz Piñango / Prensa IVIC

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