Profundizar y actualizar conocimientos sobre la ecología de los anfibios y la metodología para desarrollar planes eficientes de conservación reunió a 15 estudiantes de posgrado y especialistas en el área a participar en el primer curso teórico – práctico de herpetología, dictado en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic).

En la actividad académica se ofrecieron herramientas para la identificación taxonómica de las familias y géneros de anfibios del neotrópico (Suramérica, el Caribe y Centroamérica) y de las especies venezolanas más emblemáticas del país. De igual manera se discutieron temas generales y específicos de la biología, biogeografía, ecología de este grupo, así como se evaluaron las principales amenazas a la que está expuesto en la actualidad, tales como la destrucción de hábitats naturales, los efectos del cambio climático global y la propagación de enfermedades causadas por hongos y parásitos.

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“La conservación de los anfibios necesita del consenso de muchas voluntades. Entre ellas deben sumarse quienes desarrollan las investigaciones y que aportan desde el punto de vista académico la capacidad técnica para el estudio y el diseño de estrategias eficientes”, explicó una de las facilitadoras del curso, Josefa Celsa Señaris.

El curso Herpetología I: Taxonomía, biogeografía y ecología de anfibios es el primero de su tipo en el país, pues además brindó conocimientos sobre la normativa legal establecida para el trabajo científico con este grupo, el diseño de una propuesta de financiación y las formas de obtención de recursos para la ejecución de proyectos.

“La intención es formar a los profesionales en el manejo, gestión y conservación de la diversidad de anfibios, pero también en la divulgación de la normativa y la aplicación directa de sus contenidos en el campo, con la intención de recopilar los datos de una forma adecuada y responsable”, indicó uno de los conferencistas invitados y gerente del Jardín Botánico de Caracas, Salvador Boher.

 photo El curso se desarrollo en el Ivic. Foto Marie Fuzeau.jpg

La programación del curso incluyó una experiencia práctica en la Estación Ecológica Guáquira, ubicada en el estado Yaracuy, donde los participantes tuvieron la oportunidad de estar en contacto directo con el objeto de estudio. Diseñar la metodología del trabajo de campo, involucrar a todos los actores y cumplir con los reglamentos establecidos para la toma de muestras fueron parte del aprendizaje durante la experiencia.

Entre los facilitadores del curso se encuentran las investigadoras del Ivic y autoras de la Guía ilustrada de anfibios del Parque Nacional Canaima, Josefa Celsa Señaris y Margarita Lampo; la jefa de la Unidad de Diversidad Biológica del Ivic, Dinora Sánchez; el investigador del Ivic y co- editor del Libro Rojo de la Fauna Venezolana, Jon Paul Rodríguez; el profesor del Instituto de Zoología y Ecología Tropical de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y director del Museo de Historia Natural La Salle de Flasa, Israel Cañizales; la profesora del Instituto de Biología Experimental de la UCV, Zaida Tárano; y el gerente del Jardín Botánico de Caracas, Salvador Boher. La actividad también contó con la presencia de Carliz Díaz, representante de la Dirección General de Diversidad Biológica del Ministerio del Poder Popular para Ecosocialismo y Aguas.

El curso recibió el apoyo del proyecto Evaluación de las Categorías de las Listas Rojas de los Anfibios Venezolanos, liderado por los investigadores del Ivic, Jon Paul Rodríguez y Josefa Celsa Señaris, y auspiciado por la Alianza para la Conservación de los Anfibios, a través de Global Wildlife Conservation.

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La comunicación como protagonista

La capacidad de comunicarse con sus semejantes es una acción que resulta importante para todas las especies, debido a que este mecanismo colabora en la tarea de garantizar la subsistencia. Por vía química, vocal o a través del contacto visual o físico, los individuos pueden evadir depredadores, reproducirse, contribuir en la búsqueda de alimento o reclutar a nuevos especímenes.

En el caso de los anfibios el registro de las vocalizaciones aporta información muy valiosa a la hora de ir a campo, según determinó la facilitadora del curso y profesora de la UCV, Zaida Tárano. El canto arroja datos sobre la especie, el sexo, la abundancia, e incluso detalla aspectos morfológicos y filogenéticos de los individuos. Aprender a identificar este registro comunicacional amerita un entrenamiento especial que fue ofrecido por primera vez durante la actividad académica.

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“Fue una gran experiencia poder instruirnos sobre la vocalización de este grupo de vertebrados terrestres, porque es un proceso complejo y demanda formación”, señaló una de las participantes de la jornada y bióloga de la Fundación La Salle, Ygrein Roos.

La capacitación correspondió a tres unidades de crédito académico y fue realizada desde el pasado 15 de octubre hasta el 22 del mismo mes. Las sesiones fueron iniciativa de la Unidad de Diversidad Biológica del Ivic que cuenta entre sus objetivos la formación y capacitación del talento humano especializado vinculado a la conservación, el estudio y aprovechamiento de la diversidad biológica venezolana.

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Vulnerabilidad frente al cambio

Los anfibios corresponden a un grupo muy diverso del que se ha descrito alrededor de 7.800 especies en el mundo, de las cuales 363 se encuentran en Venezuela. En las últimas tres décadas se han evidenciado extinciones y disminuciones poblacionales importantes ocurridas en diversas regiones del mundo.

Esta situación ha puesto en riesgo a 32% de los anfibios en el planeta, por la que son considerados los vertebrados con mayor riesgo de extinción. El país no escapa a esta realidad al contarse una especie extinta, una decena de especies en peligro crítico y otro grupo vulnerable a desaparecer en un futuro cercano si persisten las amenazadas a las que están sujetas.

Las tierras altas guayanesas albergan grupos de anfibios endémicos con una distribución muy limitada, como por ejemplo el caso del emblemático sapito del Roraima- perteneciente al género Oreophrynella- las ranas marsupiales del género Stefania, o las ranas de turberas del género Tepuihyla. Varias de estas especies tienen las distribuciones geográficas más pequeñas conocidas para vertebrados, lo que las hace vulnerables frente a perturbaciones locales o regionales.

Fuente: Mariel Cabrujas M. / Prensa IVIC

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