Las relaciones de poder impuestas por los conquistadores europeos en la colonia, basadas en el origen racial o étnico, no solo siguen vigentes en los ámbitos económico, político y laboral; también afectan la forma como la humanidad piensa, siente y actúa frente a la naturaleza, considerada como una proveedora de recursos sin ningún otra función por desempeñar.

Una manera de contrarrestar la colonialidad del ser es la propuesta de la permacultura, que a pesar de ser un movimiento incipiente y en plena formación, “debe ser adaptado a cada realidad particular y tratar de romper las estructuras dominantes para que realmente funcione”. Así lo explicó la tesista de la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y estudiante asistente del Centro de Estudios de la Ciencia del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), Helga Nogales.

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El término fue acuñado por los australianos Bill Mollison y David Holmgren, para hacer referencia a un modelo permanente de cultivar la tierra. Con el tiempo, se amplió el concepto para incorporar lo cultural como factor determinante para la sostenibilidad del planeta.

Surgió a mediados de los años setenta, poco después de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano celebrada en Estocolmo, el primer evento de envergadura que organizó la ONU para llamar la atención sobre temas ambientales de interés global.

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Durante un seminario organizado por el Centro de Estudios de la Ciencia del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), Nogales informó que la permacultura llegó tanto a Latinoamérica como al territorio nacional a principios del siglo XXI, sumando en la actualidad alrededor de 20 grupos de trabajo en varias regiones del país.

Entre esas experiencias figuran la Granja Integral Bambusa, construida en el sector Táriba del estado Táchira; y la Fundación Pachamama Venezuela, ubicada en la Bahía de Patanemo del estado Carabobo. Nogales informó que mientras Bambusa se enfoca más en el diseño arquitectónico duradero, Pachamama usa la permacultura como una herramienta para la separación definitiva con el sistema moderno/colonial imperante.

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Cuestión de elegir

“El hombre no siempre destruyó lo que lo rodeaba; fue con el capitalismo que empeoró su accionar. La colonialidad ha alterado la relación entre los seres humanos y la naturaleza”, dijo. A su juicio, la permacultura debe incluir el pensamiento político y visibilizar los modos de vida ancestrales, “por ser estos la referencia más cercana en cuanto a que es una cultura que ha permanecido con relativa armonía con la naturaleza”, indicó Nogales.

Por su parte, el investigador del Centro de Estudios de la Ciencia del Ivic, José Miguel Cruces, reflexionó sobre las raíces del patrón colonialista en la alimentación del venezolano, tomando como ejemplo el caso del trigo. Esta planta espigada familia de las gramíneas “no se puede cultivar aquí por razones estrictamente ecológicas (necesita más horas de luz solar para fructificar), pero nos molesta no comer pan”, dijo.

De acuerdo con Cruces, Venezuela es uno de los países suramericanos más colonializados y el gusto por los alimentos hechos con trigo lo demuestran. Esta planta espigada familia de las gramíneas “no se puede cultivar aquí por razones estrictamente ecológicas (necesita más horas de luz solar para fructificar), pero nos molesta no comer pan”, dijo. Con respecto a la factibilidad de implementar la permacultura en nuestro país, el sociólogo del Centro de Estudios de la Ciencia del Ivic, Marx Gómez, aclaró que es una de las alternativas más viables para luchar contra la soberbia que ha caracterizado a la sociedad occidental.

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“Es una opción para transitar a una sociedad pos-rentista y pos-capitalista, pero no hará desaparecer la colonialidad del poder por arte de magia; esta es una lucha constante por re-pensarnos, re-existir, sentir y hacer de distintas formas, para desplazar esa racionalidad instrumental que se ha erigido como razón universal, dejando por fuera otros modos de vida al catalogarlos como irracionales”, aseveró.

Entorno construido, herramientas y tecnología, cultura y educación, salud y bienestar espiritual, finanzas y economía, así como la tenencia de la tierra y gobernación comunitaria, son los siete aspectos o pétalos que conforman la flor del sistema de diseño permacultural, sin los cuales resultaría imposible sostener a la humanidad del declive energético.

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Con el seminario de permacultura finaliza el ciclo de conferencias Rasgos de la colonialidad en Venezuela: activando opciones decoloniales. Sonidos, imaginarios, historias y vidas, impulsado por el Laboratorio de Ecología Política del Ivic, a cargo de María Victoria Canino. Según el peruano Aníbal Quijano, «la colonialidad es “la ‘racialización’ de las relaciones de poder entre las nuevas identidades sociales y geo-culturales”.

En cuatro sesiones de discusión, se analizó el impacto de la colonialidad en diversas manifestaciones culturales venezolanas, como la música clásica, la actividad petrolera, la enseñanza de la historia y la permacultura.

Fuente: Vanessa Ortiz Piñango / Prensa IVIC

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