Restos parciales de dos mamíferos marsupiales de 25 millones de años de antigüedad, miembros de la familia Palaeothentidae que habitó en América del Sur durante la época del Oligoceno Tardío, fueron encontrados recientemente en el altiplano boliviano, justo en la región del Departamento de La Paz denominada Salla, a 4.100 metros de altura.

Ambas criaturas prehistóricas eran desconocidas para la ciencia, por lo que fueron identificadas con nuevos taxones: el género Antawallathentes y las especies Antawallathentes illimani y Antawallathentes quimsacruza.

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Este descubrimiento aumenta a 11 el número de especies de palaeoténtidos conocidos de la edad Deseadense de Suramérica (SALMA por sus iniciales en inglés, relativa a mamíferos), rango de tiempo usado para clasificar a la fauna de mamíferos que vivió entre 29 millones de años y 21 millones de años. De ese total, 5 son de Salla.

El trabajo -publicado en mayo en Journal of Mammalian Evolution- fue liderado por el investigador del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), Ascanio Rincón. Junto a él, participaron Bruce J. Shockey, del Museo Americano de Historia Natural de los Estados Unidos; Federico Anaya, de la Universidad Autónoma “Tomás Frías” de Bolivia; y Andrés Solórzano, del Ivic.

 photo Vista del altiplano boliviano. Foto Cortesia Ascanio Rincon.jpg

Riqueza boliviana

Su empeño por explicar el origen de los mamíferos en Suramérica ha hecho de Ascanio Rincón un explorador incansable del subsuelo. La búsqueda de evidencias del pasado remoto de estos animales incluye el valle medio del río Magdalena en Colombia, la Sierra de la Baragua en Venezuela, el pueblo de Yepomera al norte de México, la Isla Marambio en la Antártida y Salla en Bolivia, entro otros tantos escenarios.

“La localidad de Salla en Bolivia es fantástica porque contiene estratos del Oligoceno, cuando las aves y mamíferos se diversificaron y evolucionaron hasta lo que conocemos en la actualidad”, dijo.

Salla está flanqueda por dos cadenas montañosas de grandes dimensiones: la Cordillera Real, donde se eleva el Nevado de Illimani a 6.438 metros; y la Cordillera Quimsa Cruz o “Tres Cruces”, que puede superar los 6.600 metros. Entre ambas existe un gran valle, básicamente una fractura que dividió los dos sistemas, dejando al descubierto los estratos de Salla. De acuerdo con Rincón, “las aguas del deshielo del altiplano drenan hacia la cuenca amazónica de la Cordillera de Los Andes y la erosión ha dejado al descubierto fósiles excepcionales como el que acabamos de conseguir”.

Al menos 48 especies y 10 órdenes de mamíferos de la edad Deseadense han sido hallados en Salla, entre los cuales figuran notoungulados (cuadrúpedos endémicos sudamericanos con pesuñas), xenartros (armadillos, gliptodontes, perezas), roedores, un primate y metaterios o marsupiales.

 photo Otra seccion del craneo de Antawallathentes illimani. Foto Cortesia Ascanio Rincon.jpg

Cazadores de demonios

Cuenta la mitología indígena Aymara que de noche aparece un espíritu maligno de forma humana sosteniendo una mecha o bola de fuego en sus manos; quien sea visto por este ser inmaterial puede enfermar e incluso morir. Lleva por nombre Antawalla, cuya combinación con el sufijo griego “thentes” (que significa “cazador”) dio como resultado Antawallathentes, el “cazador de demonios”. Este nuevo género biológico suele ser de tamaño mediano, equivalente al de tres ardillas.

A. illimani hace referencia al Nevado del Illimani, uno de los puntos más altos de la Cordillera Real. El fósil está compuesto por el cráneo parcial (la mayoría del rostro y la parte de la caja craneana), una porción amplia de la rama mandibular derecha, algunos elementos postcraneales y varios fragmentos dentales. La masa corporal fue estimada en 327 gramos.

Por su parte, A. Quimsacruza fue bautizado en honor a la Cordillera Quimsa Cruz. De este solo se dispone de una sección de la rama mandibular izquierda y unos pocos dientes. Este marsupial pesa 239 gramos, difiriendo de A. illimani en tamaño y peso, aunque la mandíbula de este último es menos robusta.

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Dieta y tamaño

En función de las proporciones de las crestas de los molares de los fósiles, los expertos llegaron a la conclusión de que ambos se alimentaban de insectos, como lo hacían ancestros lejanos de las familias Caenolestidae y Dasyuridae. De hecho, los únicos parientes vivos de los marsupiales paleoténtidos son lo cenoléstidos, los cuales coexisten en varios países de América del Sur; tal es el caso del ratón musaraña de los andes venezolanos (Caenolestes fuliginosus).

Rincón describe a los marsupiales paleoténtidos como unos rabipelados pequeños de patas más largas, semejantes a unos pequeños canguros pero en nada emparentados con ellos, excepto por tener la bolsa o marsupio característica de las hembras de los marsupiales, que funciona como incubadora de las crías.

En la actualidad, hay siete especies de marsupiales Paucituberculata, grupo al que pertenecieron también los palaeoténtidos: Caenolestes spp. en Colombia, noroeste de Venezuela y norte de Perú; Lestoros inca en el sur de Perú y norte de Bolivia; y Rhyncholestes raphanurus en el sur de Chile y Argentina. Son más modestos en cuanto a talla (pesan entre 20 y 50 gramos) y generalmente viven en bosques húmedos; si bien comen insectos, también poseen una dieta rica en arañas, gusanos ciempiés y lombrices de tierra.

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Raíces que trascienden fronteras

Un recambio faunístico entre los marsupiales suramericanos -que incidió en la extinción y surgimiento de nuevas especies- sucedió en los límites entre el Eoceno y Oligoceno, posiblemente relacionado con grandes eventos climáticos y geológicos. La separación de América del Sur de la Antártida y el consecuente aumento de la profundidad de ese tramo de mar conocido como el pasaje de Drake, el desarrollo de la corriente circumpolar antártica que congeló el continente y la formación de los glaciares, son algunos de esos trágicos acontecimientos.

Procedentes de Suramérica, llegaron los primeros marsupiales a Australia a través, y antes de separarse de, la Antártida, cuando este territorio formaba el supercontinente Gondwana; mientras la Antártida se enfriaba, Australia se calentaba. Visto así, los marsupiales provienen de dos ramas filogenéticas o clados: Ameridelphia, agrupados en los órdenes Didelphimorphia (rabipelados y afines) y Paucituberculata (ratones musaraña); y Australidelphia, que abarca todos los marsupiales de Oceanía (kanguros, koalas, tigre de tasmania) y el orden Microbiotheria de Suramérica (monito del monte).

Según aclaran los autores en el artículo, estos grupos son los parientes vivos más cercanos de los mamíferos placentarios, habiendo compartido un antepasado común hace aproximadamente 130 millones de años.

“Es un trabajo muy duro, sobre todo por el financiamiento. Pocas personas entienden que para resolver algo grande hay que trabajar en grande. Claro que me gustaría ir a Australia a buscar fósiles de marsupiales de origen americano, pero hasta ahora es un sueño. No es difícil encontrar fósiles, lo complicado es analizarlos”, precisó el investigador del Ivic, Ascanio Rincón.

Fuente: Vanessa Ortiz Piñango / Prensa IVIC

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