Leer sobre cosmología me hace sentir algo parecido a cuando observo el cielo nocturno, me embarga una paz inmensa, al ver esas lejanas estrellas mi vida entra en perspectiva, mis problemas parecen tontos ante la inmensidad, mis angustias risibles… pero conozco personas que son todo lo contrario, tanto espacio abierto los abruma y los aplasta.

Desde que tengo uso de conciencia me ha interesado saber el estado de nuestro universo y a medida que pasan los años me doy cuenta de que jamás es el mismo, cambia a medida que nos vamos enterando de cómo está formado y como funciona, sobre todo en los últimos cincuenta años, con el desarrollo de las ciencias espaciales, y la posibilidad que nos brindan los últimos instrumentos que, desde el espacio exterior nos envían toneladas de información y nos brindan la oportunidad de ver al cosmos como nunca antes lo hemos visto, para mí, eso es un privilegio único que tenemos los que vivimos en nuestro tiempo.

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Conservo en mi biblioteca diferente trabajos de astrónomos y astrofísicos sobre el universo, algunos, leídos desde el presente resultan básicos y primitivos como El Universo, de Issac Asimov de 1966,  De los átomos a los Quarks, de James S. Trefil, de 1980, o Paciencia en el azul del cielo, del francés Hubert Reeves de 1981, hasta el mismo El origen del universo, de John Barrow, de 1994, deja por fuera muchos de los temas que hoy se discuten en las universidades del mundo, las nuevas obras de cosmología de autores como Steven Weimberg, Stephen Hawking, Paul Davies, Brian Green y otros divulgadores de esa cebolla cósmica (a decir de Frank Close al referirse al universo que mientras más la pelas, más capas internas encuentras) apenas y resisten cinco años de vigencia antes de que sean tenidas como obsoletas, esta tendencia se acelera en los estudios sobre ciencias planetarias.



Leer sobre las supercuerdas, sobre la muerte térmica del universo, los tubos de gusano, horizonte de eventos, pulsares, choques de galaxias, enanas blancas y velocidades superiores a la luz me distraen de las miseria humanas, cuando me veo acosado por problemas que parecen insolubles, unas páginas sobre lo que sabemos de la galaxia El Cisne y las estrellas binarias catalogadas como Cisne X-1, me devuelven entereza, suficiente, como para poder manejar mis terrenales asuntillos.

Esta mañana, mientras tomaba café, me enteré que la astrofísica Lisa Randall de la Universidad de Harvard estima que de todo el universo, 70% es energía oscura y 26 % materia oscura y solo el 4% restante es el universo visible para nosotros los humanos, ¿pueden creerlo? El universo que conocíamos hasta el momento es apenas el 4% del verdadero universo.  

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Pero de igual manera, el 96% de nosotros está compuesto de materia y energía oscura, de las que sabemos muy poco… ¿Serán estos grandes pedazos de lo que existe y no vemos los responsables de la conciencia? ¿De lo que llaman alma? ¿De los milagros?

Eso explica la aseveración de ese otro cosmólogo, Lawrence Krauss, que dice que el espacio exterior, allá afuera, no es vacío, “la nada cósmica” está llena de energía y materia que aunque no podamos verla, está allí, compensando las fuerzas de gravedad de galaxias y planetas, y llena de una constante densidad energética, que es la que impulsa al universo a la aceleración continua, distanciando cada vez más los cuerpos estelares unos de otros, en el futuro, en palabras de Krauss “Si el universo continua su expansión acelerada la mayor parte de él desparecerá de nuestra vista, dejando a futuros astrónomos en una prisión fría y estrecha».

”

Once dimensiones manejan los teóricos de la teoría de cuerdas, hay tanta antimateria como materia en el universo, hay incluso lugares en el cosmos, que se comportan como retenes para universos bebes que están en etapa de crecimiento, todo esto se ha descubierto gracias al desarrollo tecnológico que nadie imaginó posible apenas veinte años atrás, nuevos sensores, naves de mayor alcance, robots multitareas, mayor poder computacional y de comunicaciones, materiales resistentes a los ambientes más hostiles, controles remotos de mayor precisión, aparatos super eficientes en el consumo de energía, baterías de nueva generación.

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Tengo un recorte de prensa, de la Royal Astronomic Society de Inglaterra, que anuncia al mundo el descubrimiento de la estructura más grande que hemos encontrado en el universo, se trata de un grupo de quazars (los quazars son los objetos más luminosos del universo que nacieron durante el Big Bang y que están a billones de años luz de distancia), los quazars tienden a agruparse en grupos y este particular grupo, de forma alongada,  tiene una extensión de 1.200 megaparsecs (cada megaparsecs mide 3.3 millones de años luz), es tan grande que viola los principios de escala de nuestro universo, basado en el Principio Cosmológico, aceptado desde los tiempos de Einstein, que teóricamente imposibilitaba la existencia de estructuras tan
enormes.

Krauss llega a afirmar sobre la posibilidad de la existencia de los multiversos (múltiples universos existiendo simultáneamente) de los cuales he escrito en otros artículos, una idea y una posibilidad que me parece formidable, aunque para otros, es una monstruosidad, una idea que cambiaría el mismo concepto de vida, hombre y Dios.

Con esta tormenta de ideas a los que los he expuesto, amable lector, era solo para indicarles, que nuestros problemas humanos, por más serios que parezcan, van ligados a ese universo múltiple, incomprensible, misterioso y absolutamente maravilloso, el lugar donde vivimos y que apenas empezamos a entender.

Fuente: Saúl Godoy Gómez / [email protected]

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