La búsqueda de agua ha sido en las dos últimas décadas la línea argumental del programa de exploración marciana de la NASA, que ha seguido el lema “Follow the water (sigue el agua)”. En estas dos décadas se ha descubierto que Marte tuvo caudalosos ríos y lagos en el pasado, y que todavía conserva una parte de aquella agua en forma de hielo en la superficie y en forma de gas en la atmósfera.

Tras años de debates sobre si hay agua líquida en Marte, ha sido el radar italiano Marsis de la nave europea Mars Expres el que comprobó la existencia de un lago subterráneo y salado bajo una capa de hielo, lo que era una de las misiones de la sonda Mars Express de la Agencia Espacial Europea (AEA) enviada al planeta rojo.

La investigación, que publica la revista Science, fue presentada este miércoles en la sede de la Agencia Espacial Italiana (ASI) y fue calificada por su presidente, Roberto Battiston, como “la más importante de los últimos años”.

Lago oculto

El importante descubrimiento firmado por un equipo de investigadores italianos concluye que en una región llamada Plamun Australe, localizada en la capa de hielo del Polo Sur de Marte, el perfil que dibuja el radar es muy similar al de los grandes lagos de agua líquida encontrados bajo la Antártida y Groenlandia en la Tierra.

El lago se encuentra, según los datos, bajo 1,5 kilómetros de hielo, se extiende unos 20 kilómetros y tendría un espesor de solo un metro, pero además es salado, o no se explicaría que fuese agua líquida visto las temperaturas de entre -20 y -70 grados celsius.

Roberto Orosei, primer autor del estudio y responsable científico del radar italo-estadounidense MARSIS instalado en la sonda Mars Express, explicó los detalles de uno de los descubrimientos más importantes desde que se llegó a Marte y para el que se han necesitados más de cinco años de estudios.

Armando el rompecabezas

Todo comenzó “observado los datos de los radares que procedían de la base del casquete de hielo del Polo Sur marciano respecto al normal material que teníamos del resto de Marte”. Se trataba de ecos fuertes del radar, que en la Tierra se traducen siempre como agua, ya que “esta tiene la característica de reflejar estos ecos de manera fuerte como hemos descubierto en este tipo de situaciones en lagos subterráneos de Antártida o en Groenlandia”.

“Pero tras esta primera pista, que se descubrió en 2007, nos dimos cuenta de que estos fuertes ecos, que se concentraban bajo la parte más blanca del casquete polar de Marte, no era de hielo de agua sino que era anhídrido carbónico”, explicó Orosei. Los investigadores continuaron estudiando y volvieron a notar estos ecos fuertes, pero cambiaban de día en día a pesar de que era la misma zona, hasta que se dieron cuenta de que era un problema del radar “que mandaba una media de los ecos fuertes y débiles encontrados por lo que resultaba imposible calcular bien”.

Cambiaron el software del radar y después tardaron más de tres años en observar y recoger los datos de esta zona, y después otros dos años en redactar la investigación y comprobar que estos ecos eran relativos a la presencia del agua ya que tenían la pasada experiencia con el anhídrido carbónico. “Hemos llegado a la conclusión que cualquier otra explicación que querríamos dar a estos ecos fuertes era mucho menos probable que la de que se tratase de agua”, aseguró el científico.

Agua salada en Marte

Orosei puntualizó también que este lago es salado. “Para que las ondas radio pueda pasar, el hielo tiene que ser muy transparente y eso se produce a -20 grados celsius, por lo que el agua liquida que está en contacto con el hielo tiene que tener la misma temperatura o lo desharía”, especificó. Pero para que con estas temperaturas el agua no se hiele tiene que tener una importante cantidad de sales y “de esto hemos deducido que hay mucha sal, ya que la presión del 1,5 kilómetros de hielo y la poca gravedad de Marte no es suficiente para ello”.

Y la eterna pregunta: ¿Hay restos de vida en Marte?. Los autores de esta investigación explican que este lago podría ser perfectamente un “depósito biológico”. “Aunque no sabemos la composición exacta, creemos que es un tipo de ambiente en el que algunas bacterias terrestres podrían sobrevivir y por eso podría ser un depósito ecológico y posiblemente habitado. Hay bacterias se nutren de sales para su desarrollo”, aseguró.

Tanto el lago del polo sur como los que pueda haber en otras latitudes de Marte podrían albergar formas de vida, al igual que las hay en la Tierra en la oscuridad del lago Vostok, enterrado bajo 4.000 metros de hielo en la Antártida.

“Por supuesto, este descubrimiento abre nuevas posibilidades para la búsqueda de microorganismos extremófilos en el entorno marciano”, declaró al Diario La Vanguardia Elena Pettinelli, coautora de la investigación, de la Universidad de Roma Tres (Italia). Más allá de la búsqueda de vida, la presencia de agua líquida en la actualidad aporta información valiosa para reconstruir la historia del clima y de la geología de Marte.

Podrían haber más depósitos subterráneos

Los investigadores han buscado si también puede haber agua bajo el hielo del polo norte marciano, pero no la han encontrado. El casquete polar del norte “es muy transparente a las ondas de radio de Marsis porque contiene menos impurezas que el del sur. Por lo tanto, la base del depósito de hielo se ve muy bien en los datos del radar. Sin embargo, no vemos ningún reflejo brillante que nos haga pensar en un depósito de agua”, explica Pettinelli.

Aun así, el equipo de Marsis no descarta que pueda haber lagos subterráneos en otras regiones de Marte. En el mismo polo sur, se han detectado indicios de otras posibles masas de agua bajo el hielo, aunque los datos del radar no tienen suficiente resolución para confirmarlo.

También es posible que haya reservas de agua aún no descubiertas en otras latitudes. “No hay razones para concluir que la presencia de agua bajo la superficie en Marte esté limitada a un única localización”, escriben los investigadores en Science.

El estudio completo aquí: http://science.sciencemag.org/content/early/2018/07/24/science.aar7268

Fuente: https://www.republica.com, EFE, https://www.lavanguardia.com/, Agencias

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