Con tierra y restos orgánicos de la cocina se puede obtener un suelo con los nutrientes necesarios para sembrar las semillas de la leguminosa Phaseolus lunatus, llamada comúnmente tapiramo o tapirama. Estos conocimientos fueron adquiridos por los asistentes a un taller sobre la producción del compostero o abono orgánico y semilleros para la planta en espacios reducidos. La actividad fue organizada por la Oficina de Atención al Ciudadano (OAC) del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), con apoyo de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV).

“La coyuntura económica actual nos da la oportunidad de superar la visión del esquema de consumo. Con estas iniciativas la institución contribuye a la construcción de un nuevo modelo para entender la producción”, explicó el jefe de la OAC, Rukleman Soto. Desde el 1 de febrero esta dependencia del Ivic ha donado 1.570 semillas de tapiramo a productores y miembros de comunidades, interesados en conocer y sembrar este rubro que ofrece proteínas de calidad.

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El taller, dictado en las instalaciones de la UBV en Caracas, forma parte del seguimiento y asesoramiento brindado por el personal de la OAC para obtener los mejores resultados en el proceso. La actividad contó con la presencia de 35 personas y representantes de 9 organizaciones sociales e institucionales. “La gente entiende que con la vida urbana hemos olvidado algunas habilidades en relación al cultivo, no solo de tapiramo, sino de cualquier especie y por eso nos han solicitado la formación para sembrar de forma óptima”, afirmó Soto.

La preparación del suelo es uno de los primeros conocimientos ancestrales a recuperar. Para producirlo en casa la técnica más adecuada es el compost, es decir descomponer los restos orgánicos hasta convertirlos en sustancias asimilables para las plantas, según informó una de las facilitadoras de la actividad y profesora del programa de formación de grado en Agroecología en la UBV, Olga Domené.

El compost o compostero se logra al colocar la materia orgánica sobre una capa de tierra y taparla nuevamente con tierra. Los restos orgánicos deben ser cortados en pedazos pequeños para acelerar la descomposición. El modelo expuesto en el taller se trata de un recipiente con perforaciones. “El suelo es un organismo vivo con interacciones complejas. Por eso es necesario saber qué desechos orgánicos emplear y mezclar, pues la preparación debe cumplir con las condiciones ideales de temperatura, humedad y consistencia”, advirtió la docente e investigadora.

 photo Los participantes recibieron informacion tecnica sobre el cutlivo. Foto Bruno Garcia.jpg

Una de las mayores ventajas de esta técnica es su capacidad de adaptación a espacios reducidos. Además, es un sistema económico y ecológico. En la actividad también se ofrecieron recomendaciones para producir un semillero ajustado a pequeñas dimensiones, como por ejemplo el balcón de un apartamento, de modo que facilite el crecimiento de la planta. Estos beneficios son aprovechados por Gladys Jaimes, habitante de Petare, quien decidió cambiar el cultivo de flores en su hogar por el de plantas con potencial alimenticio. Tras la información brindada por parte del personal de la OAC, retiró tres semillas de tapiramo en las instalaciones de esta dependencia del Ivic.

 photo Participaron miembros de diversas comunidades. Foto Bruno Garcia.jpg

“El 3 de febrero sembré una de las tres semillas que me dieron y que retoñó. Dejé dos semillas para compartirlas con mis vecinos y que también tengan la oportunidad de cultivarlas en sus hogares”, destacó Jaimes. Por su parte, Josefina Rojas -proveniente de la comunidad de La Dolorita- ha sembrado media hectárea con verduras y vegetales. Hace unos meses cultivó una planta muy parecida a la caraota. Cuando se acercó a la OAC para retirar las semillas de tapiramo comprobó que eran idénticas a las que habían crecido en su parcela.

Aseguró que la experiencia del taller le brinda herramientas para identificar al tapiramo, sus usos y las medidas a tomar con la intención de que crezca de forma óptima. “Esta información la voy a llevar a mi comunidad porque todos intercambiamos semillas y podemos poner los conocimientos en práctica”, resaltó Rojas.

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Leguminosa local con proteínas que aportar

Las leguminosas representan una fuente alimenticia importante que aporta 5% de las proteínas, de 6% a 7% del hierro y 8% de la vitamina B1 que está disponible para el consumo humano, según la publicación Leguminosas de granos comestibles en Venezuela, editada por el Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Oncti).

Junto a sus primas las caraotas, el tapiramo formó parte fundamental de la alimentación de los pueblos precolombinos. Es una semilla que se adapta muy bien a las condiciones climáticas y al estrés hídrico en territorio nacional y se han identificado al menos 200 variedades registradas en el territorio nacional.

“Es una planta muy noble y crece sin muchas exigencias del tipo de suelo, lo que la hace una especie interesante para fines alimenticios”, señaló la docente de Agroecología de la UBV, Olga Domené. Las primeras semillas de tapiramo distribuidas por la OAC corresponden a las plantaciones de la localidad de Altamira de Cáceres, en el estado Barinas.

Fuente: Mariel Cabrujas M. / Prensa IVIC

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