Mejorar la productividad de los suelos, sin afectar el ambiente, es posible gracias a unos seres microscópicos que colonizaron el planeta hace 400 millones de años.  Así lo comprendieron más de 30 productores agrícolas del país en el primer taller de “Inoculantes micorrízicos y su aplicación en la agricultura”, dictado en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic).

Las micorrizas se forman tras la asociación entre las raíces de las plantas y ciertos hongos presentes en el suelo. Pertenece a un grupo diverso, sin embargo, la de tipo arbuscular es la más común en zonas tropicales como Venezuela y ha sido empleada para restaurar ecosistemas y como biofertilizante en actividades agrícolas.

 photo Participaron productores de diversos estados del pais. Foto Marie Fuzeau.jpg

En la actividad se ofrecieron conocimientos básicos sobre las potencialidades y limitaciones del uso de las micorrizas arbusculares para el desarrollo de la agricultura sustentable. La presencia de estos organismos favorece la adquisición de los nutrientes minerales a la planta, le confiere protección frente a las plagas y patógenos, y optimiza el balance hídrico. Asimismo, al ser empleadas se reduce el uso de fertilizantes químicos y el deterioro ambiental.

A pesar de ser aliada en la recuperación ecológica y la producción agrícola su aplicación debe ser evaluada previamente. “Al usar micorrizas inoculantes, sin un estudio inicial, podríamos estar introduciendo cepas de hongos que no necesariamente van a producir los resultados esperados. Por ello, tenemos que determinar si se requiere inocular, pues en ocasiones los hongos micorrízicos nativos son suficientes y más eficientes”, explicó la investigadora del Ivic y organizadora del taller de formación, Milagros Lovera.

Durante el encuentro con productores del estado Lara, Yaracuy, Táchira, Trujillo y Miranda también se señalaron algunos de los factores más importantes que afectan la acción de las micorrizas, entre los que se encuentran el abuso de agroquímicos como herbicidas y fungicidas, la quema, la labranza, la deforestación, y las prácticas extractivas como la agricultura y la minería.

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“Las micorrizas están en la naturaleza, forman parte del ecosistema y no habría que introducirlas nuevamente si las actividades del hombre no las dañaran. Alterar los primeros centímetros del suelo las afecta gravemente”, advirtió la investigadora emérita del Ivic y autora del libro Las micorrizas arbusculares: aspectos teóricos y aplicados, Gisela Cuenca.

Una vez que las condiciones adversas les obligan a abandonar el hábitat, las micorrizas no reingresan espontáneamente. La ciencia y la formación de agricultores en el área puede abrirles nuevamente el camino a través del uso de inoculantes. Sin embargo, para asegurar su efectividad es necesario seleccionar la cepa más apropiada para el cultivo de interés y las condiciones particulares del suelo, afirmó la profesora de la Universidad Nacional Experimental Sur del Lago y ponente en el taller, María Gabriela González.

“Quienes trabajan la tierra enfrentan día a día los problemas del campo y por esto quisimos ofrecerles esta capacitación y establecer con ellos unas redes de trabajo que nos permitan recopilar información de las experiencias de aplicación de inoculantes micorrízicos de una forma más sistemática, con el fin de brindar la mejor asesoría posible”, afirmó Lovera.

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Conocimiento en práctica

La Unidad de Desarrollo de Inoculantes Micorrízicos del Centro de Ecología de Ivic cuenta con nueve cepas de hongos micorrízicos. La mayor parte de estas fueron aisladas en el país, mientras que el resto provienen de colecciones internacionales. La intención es ofrecer a los productores del país una amplia variedad de cepas efectivas y adaptadas a las condiciones del suelo de cada región.

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“Durante tres años hemos mantenido intercambio de información, de trabajo y de resultados con el Ivic, a través de la evaluación que estamos haciendo al introducir inóculos locales en el cultivo de hortalizas y de café”, indicó Daunarima Renaud, del laboratorio de Fitopatología del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (Inia) del estado Lara.

La capacitación aportó valiosos conocimientos al personal del Centro de Tecnología Agroecológica, quienes intentan reactivar la siembra del café en El Laurel (estado Miranda). “Tenemos cinco meses inoculando a las plantas con hongos micorrízicos y están creciendo sanas sin necesidad de usar fertilizantes”, aseguró Enrique Egaña, de la mencionada institución.

Hasta el momento, el Ivic mantiene actividades de investigación con agricultores dedicados al cultivo de cítricos, cacao y café.

Fuente: Mariel Cabrujas M. / Prensa IVIC

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